Maullidos y rañidos
Él venía todos los días.
Venía por la mañana , por la tarde y por la noche
A veces entraba por la puerta y otras veces por el balcón.
En ocasiones lo veía acostado en la mitad de la calle y en otras pidiendo comida en la tienda.
En cada una de sus venidas era recibido con cariño y con breve saludo
Empezaba a maullar casi tres metros antes de llegar a la cocina solo para que supieran que ya había llegado por su comida
Esperaba impaciente caminando de lado a lado hasta que su leche estuviera tibia, y así, después de saciar un poco su sed, finalizaba acostado en el sofá tomando la siesta hasta que era hora de volver a irse o volver a tomar un poco de leche
Un día sus gemidos no se escucharon igual, esta vez, se escuchaban con dolor, él con la poca fuerza que tenía se acosto en el sofá y espero que alguien lo viniera a auxiliar.
Luego de un par de tragos de leche, suero y chuzones de jeringas finalmente dío el adiós, se despidio de las personas que lo acogieron y desde ese sofá que lo calento tantas veces
Tamaro al fín pudo dejar de sentir la indiferencia de las personas que lo veían sucío y tirado en la calle, dejo de sentir el hambre que hacía revolotear su estómago y dejo de limpiar su pelaje cuando se mojaba, ahora él ya no viene a tomar leche, ahora él, seguro esta en un lugar donde se libero de toda la pesadez que la calle le dejaba.
J´M
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