Eterna compañera

 El día que te perdí tus ojitos ya no brillaban igual que antes, eran apagados como si estuvieran encerrados en una nube gris, ese día el sol era encandencente como todo los domingos, yo tenía en mi mente un montón de cosas que me hacían pensar una y otra vez si si era la mejor decisión para tí. 


 Recuerdo que la noche anterior comimos helado por última vez  para que te sintieras un poco de felicidad en medio del dolor, esa noche nos reímos de todas la veces que por alguna razón te fallaba la motricidad, de cuando llegabas embarrada de pantano y holiendo maluco después de desaparecer por tres días, hicimos chistes acerca de tus gestos y azañas también salimos a la calle para que por última vez sintieras ese cemento por el cual anduviste durante unos 15 años, vieras a lo lejos a las personas y demás animales que hicieron parte de tu vida además de olfatear la cantidad de olores familiares.

El día que te fuíste mis ojos lloraron un mar de lágrimas, recordamos ese último año en el que fuiste tan felíz en el parque, persiguiendo y ladrando a los demás perros para que no se te tiraran encima, yendo al campo a brincar y correr en la llerva mientras ladrabas a los pajáros que veías a lo lejos, o como en casa empezabas a brincar,a correr de un lado al otro cuando querias un cabano o te mostraba tu corrrea. 

No sé cuando, en donde ni como fue que llegamos a ese punto de la vida en donde tu cuerpecito se hizo frágil como el cristal, donde tu pelito no brillaba como si fueras una diosa del Olimpo, recuerdo que tus ojitos se fueron apagando poco a poco, fueron dejando el brillo de las estrellas hasta convertise en solo una nube blanca, se empezaron a ver tus costillitas  entre el poco cabello que te quedaba y tus patitas ya no respondían como antes cuando corrías por entre las montañas; mil veces maldita la enfermedad que te separo de mí. 

Ese día que te perdí, eran aproximadamente las 2:00 pm, un domingo, en la sala de la casa donde pasaste tus años juveniles, estabas en tu camita con tu cobijita, temblabas aunque no hacia frío,era como si supieras que ese día seria el último, cuando el veterinario dijo que si ya estabamos listas le dije " Si", esa palabra que hasta ahora ha sido la decisión más difícil de toda mi vida, estaba abrazandote, tocando tu corazóncito  y diciendote cosas bonitas para que te fueras con la mayor tranquilidad del mundo. 

La medicina empezo a hacer efecto y yo poco a poco empecé a sentir como tu corazón dejaba de latir entre un respiro y otro, como tus ojitos se fueron apagando  y tu alma salía de ese cuerpo inerte, cuando sentí ese ultimo suspiro grite y llore a tu lado como jamás lo había hecho, te me habias ido perrita de mi corazón y ahora no podía hacer nada. 

 Esa noche fue la más larga de todas, mis ojos no dejaron de soltar lágrimas por un minuto, mi corazón  se había partido en mil pedazos al saber que ya no te iba a volver a ver, que no iba a volver a sentir tus paticas correr por toda la casa ni sentir tu mal aliento al amanecer.

El tiempo ha pasado, casi un año ya, y aún sigo preguntandome "que tal si hubiera hecho más", pero también recuerdo todo el dolor que emanabas y no me hubiera perdonado dejarte morir sola, en un lugar inhóspito lleno de personas que no conocíeras, y con el miedo de haber sido abandonada. 

Tan libre, tan torpe, tan triste pero tan llena de vida al mismo tiempo, tan mimada, tan coqueta y sencilla con la existencia, gracias Nina Canina por enseñarme a amar, el día que te fuíste dejaste un vacío en mí, pero seguro llenaste de felicidad un espacio en el cielo de los perritos. 

J´M




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